¿Qué hacemos aquí?

Cada quince días, sin pautas ni temática, colgaremos una texto o una ilustración. Pau escribe, Berto dibuja. A partir de la ilustración se escribe un texto, y la siguiente quincena, a partir de un texto se dibuja una ilustración. Y así hasta que el cuerpo aguante.

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domingo, 9 de noviembre de 2008

Las medusas de meduso


No sé cuando llegamos aquí. No sé cuanto tiempo hace que tengo a este tío a mi lado gritando. Puede que haga eones. Huímos buscando algo. Ai sí, las búsquedas. Huímos para encontrar un sitio donde crear ficción y crearnos a nosotros mismos. Crear y recrearnos. Y aquí estamos, rodeados de medusas. Con este loco a mi lado que sólo chilla palabras incomprensibles, este loco que un día fue mi amigo. Este loco que sólo maldice y maldice y menta a la madre que nos parió a todos. Joder. Pero bueno, yo mantengo la calma. Estoy tranquilo como en un mar de paz. Él en cambio, él no para de gritar desesperadamente como un energúmeno. Joder me va a dejar sordo. Al principio teníamos una casita. Él escribía, yo dibujaba. Todo iba muy bien hasta que llegaron las medusas. Empezaron a aparecer por toneladas y entonces él perdió la cabeza ¿Cuánto tiempo hace de eso? Yo sigo dibujando y cuando le enseño una pintura él se queda parado, deja de gritar, y recita extraños poemas. A veces transcribo alguno de sus versos. Esta es la vida del artista con la locura en su hombro. La locura que es puro verso envenenado de medusas. Pura resignación a llevar un alma deforme que me convierte en lo que soy. El artista, ese gran deforme. En realidad, a las medusas las llamamos nosotros. Sin saberlo, claro. Las llamamos nosotros con nuestros rituales de tontos iniciados en algo que no comprenden. Las llamamos. Y ellas acudieron, como el veneno acude a los labios de la víctima. Como la muerte acude a los guantes del estrangulador. Como el destino acude a los ojos de los hombres. En realidad, no había búsqueda, sólo medusas. Y nosotros, tontos de nosotros, las deseamos con todo nuestro afán, con toda nuestra avaricia, con toda nuestra inocencia! Venid venid! Acudid a este entierro del que nacerá la tierra. Acudid medusas… tontos de nosotros… Al principio nuestro espacio empezó a cambiar. El paisaje industrial que habíamos elegido de lanzadera para nuestro proyecto se ovaló, y las naves rectangulares se fueron curbando hacia arriba, hasta convertirse en cabezas industriales de medusas. Y vino la transpariencia y el azul. Extraños compañeros. Todo nuestro paisaje se tiñó de ese color. Y pensamos que estábamos creando algo bonito: estamos cambiando algo, tío. Me decía el loco que ahora tengo pegado a mi hombro. Y con la esperanza llegó el veneno. Al principio nos pusimos muy enfermos. Caímos en cama y sufrimos intensos dolores. Todo eran vómitos, sudores y fiebres. Y en el fondo de nuestras almas pensábamos: esto es el cambio, la purificación. Las cabezas de los edificios supuraban toxinas. Y un día, en pleno delirio, trabajando codo a codo, desnudos y puros, nuestros cuerpos mutaron, y nos volvimos uno. Y en lo profundo de nuestro corazón rezamos: esto es lo que queríamos, esto. es. lo. que. queríamos. Una mañana llegaron las medusas, centenares y centenares de medusas que cubrieron el mar. Y nunca pararon de llegar. Y a la playa se la llevó el veneno.